EL MUNDO
Estoy disfrutando de verdad con este libro, premio planeta 2007. Sobre todo porque hace recordar los sueños de la infancia. Es alucinante como describe el tipo, las percepciones, que de todo se tienen en la niñez. Como se engrandecen las cosas y se cambia la realidad, hasta hacerla realmente apetecible, terrorífica, o transforma lo más simple en una gran aventura.
Mis recuerdos, me hacen engrandecer pequeños sucesos, y después ni los comento, pues termino sin saber muy bien si mi imaginación los deformo. Si veo, esta claro, cosas que entonces creía a pies juntillas, y ahora se, simplemente que no son posibles. Y me recuerdo en la cama, dándole vueltas a todo lo que mi imaginación paria, a cosas cotidianas que engrandecía Y no quiero quiero ni hablar de mi interpretación, entonces de la Biblia o las vidas de los santos.
Recuerdo a una borracha mayor, creo que se llamaba Dora, decía que había sido cocinera de Franco, dormía en la Plaza Mayor o en un banco de la Plaza del Cabo. Llevaba un abrigo marrón, zarrapastroso, como de cheviot recuerdo que los botones eran muy grandes, enormes. Ella siempre llevaba una botella en la mano, de vino, vacía, creo. Hacia sus necesidades en medio de cualquier calle, por ejemplo en la calle Mayor. Simplemente abría las piernas y por allí veías caer cualquier cosa, Los niños nos metíamos con ella, le tirábamos piedras o la despertábamos. Ella a veces nos tiraba la botella, pero nunca nos daba.
Ahora pienso ¿Se llamaba Dora?, ¿el abrigo era marrón?, ¿y los botones?, ¿nos quería dar con la botella, o solo quería que la dejáramos en paz?, ¿o tal vez la iba la marcha y quería agitarnos?, que se yo. En fin, la mitad existía seguro. Pero no sé si la otra mitad de aquella vieja cutre, la pario o la engrandeció mi imaginación. Y así me pasa con muchos recuerdos, cosas que no olvido, pero que no sé si recuerdo como eran. Y la verdad no me importa, porque son lindos recuerdos así, aunque cada vez pierdan más peso.
Leyendo este libro, he recordado, cantidad de sucesos engrandecidos por los ojos de la infancia, que después cuando tiene problemas tangibles pierden todo su interés, es una pena. Me encanta como este hombre logra retener en su memoria y traspasar al papel con todo lujo de detalles, los sentimientos de amores platónicos en la pre adolescencia y como le acompañan durante toda su vida. ¿Como podrá plasmarlo como un niño de esa edad?, es increíble No me da sino envidia (y no por el premio), alguien, aunque se invente la mitad, que pueda seguir viendo con los ojos de un niño, después de los cuarenta. Que te haga recordar de esa forma el punto de vista que tenías a esa edad.
Miro a mi hija, y pienso, es verdad, en esa cabecita, todo es enorme. ¡Pobrecita!. Es una pena perder ese mundo, para aterrizar en este, tan practico y duro.¿ Por eso habrá tantos locos qué se niegan a perder el mundo?.