Ventanas abiertas, incursiones involuntarias en la vida ajena. Oigo a un hombre, quejo. No sé quien es, ni lo que dice, parece que sufre un ataque de intolerancia al verano, al calor, que puedo asegurar pasa de los cuarenta grados, son las cinco y media, no para de gritar. Mis vecionos son amables, educados y poco ruidosos, pero parece que le ha dado algo. Dice algo así como que no se explica algo, yo creo que quiere decir, que no sabe explicarnos algo, los decibelios se salen de lo legal. Habla tan fuerte que sus frases se distorsionancon el eco aplastante de la fosca y la chicharra compite con él.
Vaya, parece que se ha callado, le entiendo, dan ganas de chillar, de llorar, no te puedes mover. Te puedes bañar, tomar algo fresco. ¿Quien va a comprar?, ¿Quien sale fuera?, ¿Quien toma la iniciativa?. El verano es lo peor, se te pegan hasta las ideas, y todos seguimos trabajando. Los albañiles delirando en los andamios. Salir a la calle a hacer cualquier gestión, parece un castigo a trabajos forzados, en todos sitios hay colas; en trafico, en hacienda, en el ayuntamiento, en los bancos, en la carretera, en las tiendas, en rebajas, en los súper de las playas. Los aires acondicionados de los coches pierden brío, mucho brío en recorridos cortos no alcanzas a descubrir que sirven para algo. Solo se puede vivir dentro del agua. !Ale!, me voy a tomar la iniciativa a comprar algo frequito, litros de cerveza, coca cola y gazpachito. Y voy al agua de cabeza, hasta las diez de la noche. Esto acaba de empezar, suerte a todos.
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martes, julio 04, 2006
VENTANAS ABIERTAS
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1 comentario:
cada relato que escribes me gusta mas, este describe perfectamente el verano, veranete, vaya mierdetete
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