Almas paralelas.
Me he sorprendido a mi misma, por la conversación que hemos mantenido en el
coche. Como tantas veces hablando de trivialidades. Yo te decía: --me suena
esto, es por aquí… Y tu como siempre, reprochándome lo mal que me oriento y lo torpe
que soy. Y yo pensando: “le debería de mandar a la mierda”. Y después me acordé,
¡ah!, si ya lo hice.
Y entonces me di cuenta, estoy loca. Desde
el día que salí de tu casa, jurando que nunca mas volvería, preferí inventarte
para mí y no volver a pensar en el que de verdad eras, lo hice tan real, que
seguimos discutiendo como antes. Todo es como entonces, pero con la ventaja de
que cuando quiero te desconecto. Y lo hago cuando te pones pesado o cuando me
haces sentir pequeña. Te amé tanto, que te he convertido en mi fantasma, en mi
Pepito Grillo, siempre te consulto y me contestas con autonomía, puedo sentir
hasta tu risa y a menudo sigo tus consejos.
El otro día oí que te habías casado. Si
estuvieras muerto todo esto seria más real, podrías ser mi fantasma particular.
No he sentido que te casaras, ¡ojala seas feliz! Lo juré, jamás volvería a
aparecer por tu vida, así que no tiene sentido convertirme en el perro del
hortelano, ni refunfuñar por tu boda. Yo estoy bien, me quedo con el espectro que
he fabricado de ti y después con mi vida aparentemente normal. ¿Sabes algo?
Nadie sospecha que estoy loca, solo lo sé yo.
Cuando veo a mis amigas sufrir por amor,
me dan ganas de decirles que deben de hacer como yo, pero me callo. No quiero estar en la lista
de espera de ningún Centro de Salud Mental.
A menudo pienso que aquel numerito que me
montaste fue una estrategia para quitarme de en medio sin hacerme sentir mal,
en ese caso te diré que eres aún más inteligente de lo que dicen. Aunque otras
veces pienso que de verdad estas chiflado y mucho más que yo, por cierto. No
por eso dejas de ser inteligente. Por algo sigo los consejos de tu espectro y
le mantengo a mi lado después de tanto tiempo. Si algún día te dicen que no
tienes alma, puedes decirles que la tengo yo.
Te amé tanto, que creo saber lo que me
contestarías en cada momento, que es fácil ver
con la expresión y el tono que lo
harías y de hecho, yo lo veo. El trozo
de ti que me perteneció sigue conmigo y me ha jurado que siempre lo estará. El
otro tú que tristemente siempre me fue ajeno, ya sabes recién casado. ¡Feliz
luna de miel!
No hay comentarios.:
Publicar un comentario